El Municipio Acevedo del Estado Miranda se convierte en la puerta de entrada a la región de Barlovento. A tan solo una hora de carretera desde Caracas se llega al pueblo de Caucagua, una localidad ampliamente reconocida por su histórica herencia cacaotera.
Es precisamente en estas tierras donde se cultiva uno de los granos más finos y aromáticos del mundo: el Carenero Superior.
Durante nuestra visita, conversamos con productores locales que cuentan con hasta 20 mil plantas de cacao, todas trabajadas con esfuerzo de generación en generación. Aunque nos muestran sus tierras con gran orgullo, es imposible no percibir el descontento que los acompaña: el precio del kilo de cacao en la región de Barlovento ronda apenas entre los 2$ y 2,8$ mientras que el costo de producción supera los 5$.
Los productores sostienen que los intermediarios dominan por completo el comercio del cacao e imponen tarifas sumamente bajas. Al no tener otra alternativa, los cacaoteros se ven en la necesidad de prácticamente regalar su trabajo, llegando a aceptar pagos de apenas 1,50$ por kilo con tal de asegurar el sustento diario para el hogar. «Ya no hay distinción en el precio entre el cacao fermentado y el cacao seco; lo pagan exactamente al mismo valor», nos cuenta Argenis.
La fermentación es un proceso crucial que toma de 6 a 7 días y sirve para desarrollar el aroma del grano, permite también eliminar su amargor natural. Ante esta situación, los productores en descontento, han optado por saltarse este paso: ahora venden el cacao seco, llegando al extremo de comercializarlo cubierto aún con su pulpa fresca. Los bajos ingresos han provocado que se descuiden las haciendas, lo que ha permitido el desarrollo de plagas como la «escoba de bruja».
Esta enfermedad perjudica gravemente los cultivos, ya que impide la maduración y el crecimiento correcto de las mazorcas de cacao, reduciendo así, de manera drástica, la productividad de las plantas.
«Todo esto eran haciendas de cacao, y todas se perdieron», afirma la señora Eneida, habitante del caserío Milano. En el pasado, el municipio Acevedo fue azotado por bandas delictivas; los hurtos e incursiones violentas en las haciendas de cacao provocaron que muchos agricultores abandonaran sus tierras temiendo por sus vidas. Aunque hoy en día los niveles de criminalidad han disminuido, la falta de rentabilidad en el sector ha generado una nueva crisis, empujando a una gran cantidad de productores -en su mayoría jóvenes a migrar a la ciudad en busca de mejores oportunidades.
La producción de cacao no solo constituye un motor económico, sino también un patrimonio cultural vivo que no podemos permitirnos perder, dado que el bienestar y el sustento de muchas familias dependen directamente de esta labor.
